Microsoft quiere que todos sus usuarios den el salto a Windows 10 y no parará hasta lograrlo. Si hasta ahora era posible evitar que la actualización del nuevo sistema operativo se descargara, la compañía fundada por Bill Gates se ha propuesto ponerlo cada vez más difícil.

Microsoft ha cambiado el estatus de la descarga: si antes era “opcional” ahora es “recomendada”. Esto quiere decir que cualquier usuario con Windows 7, 8 u 8.1 verán cómo Windows Update descarga automáticamente la actualización (en caso de que tengan activada la descarga automática de las actualizaciones recomendadas).

De hecho, algunos usuarios también verán como, una vez descargada, la actualización comienza a instalarse sola. Eso sí, será posible cancelarla. Además, si Windows 10 llega a instalarse y el usuario no quiere el último sistema operativo de Microsoft, tendrá 31 días para dar marcha atrás y volver a su versión anterior.

Más allá de la insistencia, la descarga de la actualización podría suponer un problema para muchos usuarios, ya que ocupa entre 3,5 y 6 gigas, un espacio importante que podría dejarles un mal sabor de boca a aquellos que tengan una conexión a internet limitada o poco espacio en su disco duro.

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