Hablar de caballos es hacerlo de belleza, elegancia y majestuosidad. Pero dejando de la lado el agasajo hacia tan maravillosa criatura, también es hacerlo de potencia.

Desde el principio de los tiempos la humanidad se ha servido de los caballos y su colosal potencia como herramienta de trabajo, transporte y, más recientemente, recreo también. Pero, ¿por qué medimos la potencia de los motores en caballos?

Para entender mejor la relación existente hoy en día entre caballos y potencia, se debe realizar un pequeño viaje por el tiempo y el espacio hasta llegar a la Ingalterra de Jorge III, allá por 1780. En plena revolución industrial, el fabricante escocés James Watt desarrolla elmotor de vapor de doble efecto, con un rendimiento en potencia superior al de sus competidores. Para demostrar la potencia de sus motores, Watt diseñó un sistema de medición basado en la capacidad de carga de los caballos.

Como durante siglos los caballos habían sido el motor de la humanidad, James Watt equiparó la potencia de los caballos a la de sus nuevos motores. Así, concluyó que un «caballo de vapor» equivaldría al 150% de la potencia que desarrolla un caballo en un día de trabajo estándar. Traducido en términos numéricos, un «caballo de vapor» es la potencia necesaria para elevar 75 kg a un metro en un segundo. Según las estimaciones de Watt, sus motores serían capaces de mover una carga de 150 kg a una velocidad de 1,82 km/hora.

Así nacieron los «caballos de potencia» o «horse power» (HP), dado el origen británico de su inventor. A partir de entonces la potencia de los motores se expresaría en unidades de HP -en inglaterra y EE.UU-, y en el resto de Europa la medida utilizada serían los «cheval-vapeur» (CV), que aparecen en las fichas técnicas de los motores.

Cabe destacar que los HP y los CV no son exactamente lo mismo. Debido a los distintos sistemas empleados para medir la potencia de los motores -en función de la procedencia geográfica de los mismos- un CV equivale exactamente a 0,987 HP. En la actualidad hay otros usos para los CV y los HP que, además de ofrecer la potencia de lo motores, también se usan como unidades fiscalizadoras a la hora de establecer la carga impositiva de los vehículos.

Sólo queda añadir que, y por curiosidad, un caballo normal es capaz de desarrollar una potencia de 14,9 HP, o que la potencia de un atleta (2,5 HP), es superior a la de una persona normal (1,2 HP). Una vez esclarecidos los motivos de por qué medimos la potencia de los motores en caballos, no se acostará hoy sin haber aprendido algo nuevo.

 

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