En la actualidad y gracias a la tecnología, la pintura de un vehículo tiene en promedio una vida de 8 a 10 años dependiendo de los cuidados que tenga el propietario, las condiciones climatológicas donde ruede el vehículo y si este ‘duerme’ o no a la intemperie.

Si tiene decidido repintar su vehículo, debe tener muy en cuenta el sitio donde va a realizar el trabajo, pues este proceso requiere de una serie de condiciones físicas y técnicas para obtener un resultado óptimo.

De acuerdo con Carlos Téllez, gerente de Horniautos, “las pinturas que se utilizan en la actualidad son a base de agua (amigables con el medio ambiente) pero es indispensable que se apliquen en una cabina y desde luego que se realice una preparación adecuada de la lámina”.

La clave para lograr un buen trabajo de pintura está en el alistamiento de la lata y en la calidad de la base que le aplican para que el color se adhiera correctamente.

El proceso

Todo se inicia con el trabajo de latonería, donde se corrigen las superficies mediante el uso de una máquina especial y en frío –nunca se deben calentar– para evitar cambios moleculares de la lámina. Finalizado este paso, el vehículo entra al segundo proceso de preparación.

“El siguiente paso es desengrasar la lámina y lijar la superficie en seco, para posteriormente aplicar una impresión fosfatante, la cual previene la corrosión y promueve adherencia”, nos explica Armando Marín, colorista y Jefe de planta de Horniautos.

Una vez seco este producto, que hace las veces de cataforesis (técnica empleada en ensambladoras), se masilla el vehículo con productos especiales y nuevamente se lija en seco. Húyale a los talleres que utilizan agua, pues este material, al ser poroso, acumula humedad y con el tiempo la pintura se soplará.

Terminado este proceso se aplica el fondo, el cual lo que hace es tapar los poros de la masilla y promover la adherencia de la pintura. “En este punto el control de calidad es primordial. Es allí donde se detallan imperfecciones mediante lija seca y luego ya con el fondo seco se procede a lavar el vehículo”, explica Marín.

Cabina de pintura
Pintar en cabina

Un buen taller de pintura tiene el área de pintado lejos de la contaminación propia de otras actividades. De ahí que tenga al menos una cabina hermética (no valen cortinas de plástico o con puertas de acrílico) para evitar el ingreso de las impurezas propias del medio ambiente (polvo, pelusas, etc.).

El vehículo ingresa con sus ventanas puestas, pero se le retiran boceles, chapas y adornos exteriores, y los vidrios y luces son enmascarados con un papel especial, que no suelta tintas ni pelusas. El papel periódico no es el más indicado.

Una vez adentro y con la cabina perfectamente sellada, el experto vestido con un traje especial aplica tres capas de color con pistola de forma uniforme. Dos cargadas y una ligera (Ver recuadro ‘El color’).

Terminado este proceso, se deja secando alrededor de unas dos horas en un horno, a 70 grados, para dar el último paso que es la aplicación del barniz, el cual le proporciona brillo y protege la pintura.

Problemas de pintura del carro
Problemas más comunes con la pintura

1. Agrietamiento. Se debe al exceso de grosor en la película de pintura o mala mezcla de los materiales.

2. Cuarteado lineal. La pintura presenta surcos paralelos. Se debe a una capa de pintura muy gruesa o a una preparación incorrecta de la superficie.

3. Ampollamiento. Burbujas o granitos que aparecen en la película de la mano final, meses después de la aplicación. Se debe por el uso de un diluyente incorrecto o grosor excesivo de la película.

4. Cuarteamiento. Pequeñas rajaduras, tipo ‘patas de gallo’, por condiciones de temperatura muy frías.

5. Fogueo. Es una capa que se forma sobre el acabado cuando la resina no mantiene ya más el pigmento, lo cual hace que el acabado parezca opaco. La causa es por el uso de un diluyente incorrecto, mala mezcla de los materiales o por película de pintura pobre.

El color

En los talleres especializados cuentan con un sistema computarizado que mezcla diferentes tonos hasta obtener el original; esto no se hace al ‘ojo’. El colorista verifica el código del color del vehículo y lo introduce en un computador. Al hacerlo, el software indica cuánto porcentaje de cada tono va a aplicar para dar con ese código e inmediatamente arrancan las mezcladoras a trabajar y trasladan a un recipiente lo solicitado. Una vez obtenida la mezcla, el colorista pinta una pequeña lata, la compara con la pintura del vehículo y hace los ajustes que requiera para dar con el tono.

mantenimiento de la pintura

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