El primer modelo tenía sus carencias, y el caso del segundo no es una excepción. Aunque cuenta con buenos argumentos a favor como el USB tipo C, sus especificaciones de gama alta o una mejora en los materiales con los que está construido, la perfección sigue lejos, los compromisos aún existen.

Por ejemplo, la ausencia de carga rápida. Es una función que están incorporando cada vez más fabricantes y que es tremendamente útil. Sobre todo para terminales que sin ella pecan de tardar demasiado en realizar una carga completa, del 0 al 100%. El OnePlus 2 no la trae, y es un teléfono particularmente susceptible de tenerla como algo necesario. Su predecesor tenía uno de los tiempos de carga completa más altos de su categoría. Este modelo tiene una batería de 3.300 mAh, una capacidad muy alta que significa a su vez un mayor tiempo de carga.

El avance en el conector USB tipo C podría haber venido con este avance, pero no ha sido así. Y eso que la empresa se ha ahorrado otro elemento, tanto en costes como en espacio: el chip NFC que suele ir pegado a la batería. Con la excusa de que muy poca gente utilizaba este componente en el primer modelo, han decidido prescindir de él. El problema es que es una tecnología precisamente en crecimiento. Lento, pero en crecimiento.

Sin ir más lejos, Android Pay llegará este mismo año, y su tecnología hace uso del chip NFC de los terminales. Representantes de OnePlus han explicado que para cuando Android Pay tenga un uso masivo, la gente ya habrá comprado un nuevo smartphone. Lo cual no es en absoluto una justificación, ni es del todo cierta, y además generaliza de forma errónea. Por lo pronto, no podrá usarse Android Pay con un OnePlus 2, y ya ni hablemos de otros servicios que han abrazado el NFC que todos los Android de gama alta incorporan desde hace años.

Sin movernos de la batería, otro elemento que tampoco trae este nuevo smartphone: la carga inalámbrica. Sin carga rápida y sin NFC, podría haber cierta disculpa si hubiese incorporado carga rápida nativa. Tampoco lo ha hecho. Es una tecnología que nunca ha terminado de despegar pero que otorga bastante comodidad al usuario. Y se van viendo pequeños avances para su aceptación, como la colección de muebles de Ikea que traen incorporada una base de carga inalámbrica con el estándar Qi, para prácticamente cualquier smartphone que se pueda cargar así.

Lo peor es que estas tres carencias no tienen una justificación en el tamaño del terminal. Un teléfono extrafino podría dar pie a olvidar estas ausencias, pero el OnePlus 2 tiene un grosor de 9.9 milímetros, más que el iPhone 4 de 2010 (9.6 milímetros) y bastante más que terminales de su segmento de este año, que se encuentran entre los 7 y los 8 milímetros. Una diferencia que se nota.

Simplemente, hay incoherencias. Un teléfono de 5 o 6 milímetros de grosor da pie a perdonar una batería de larguísima duración. Uno de prácticamente un centímetro, no. Una empresa que quiere ser vista como fabricante de teléfonos premium, “que pone tanto cuidado en fabricar terminales como lo pone Apple” según sus propias palabras, no puede permitirse descuidos así. Y si la excusa es el precio, tenemos una gran explicación: los milagros no existen, y en tecnología tampoco.

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