A lab technician for the National Institute for Forensics of Marseille (INPS) performs tests to search for samples of scant traces of DNA on April 30, 2015 in Marseille. The Marseille forensic laboratories are charged with analyzing humain remains discovered April 29 in a forest close to Frejus (Var), in the investigation of the disappearance of Xavier Dupont de Ligonnes, missing since April 15, 2011. AFP PHOTO / BORIS HORVAT (Photo credit should read BORIS HORVAT/AFP/Getty Images)
Más que inventar objetos que simplifiquen la vida, la próxima revolución industrial –en las siguientes dos o tres décadas– estará impulsada por el diseño y la biología, en lo que conocemos como manufactura 4D.

La creación de materiales a partir de la modificación biológica de sus componentes, también llamada biología sintética, permitirá crear cosas netamente inteligentes, que se adapten y reaccionen al medio ambiente o a cualquier cosa que entre en contacto con ellas.

Se espera que este mercado tenga un valor de 38.700 millones de dólares en 2020, de acuerdo con la consultora Allied Market Research.

El mexicano Rodrigo Martínez, es uno de los encargados de trabajar en este tipo de desarrollos desde Silicon Valley.

“Estamos empezando pero ya existe un acercamiento de parte de las empresas y los diseñadores para entender lo que se puede hacer con ciencia. No tenemos idea de lo que vamos a poder tener y diseñar en 20 años”, dijo el estratega de vida y ciencia y director del portafolio senior del despacho de diseño, IDEO.

Dentro del despacho, Martínez distribuye su esfuerzo entre proyectos con corporativos y startups; sin embargo, tiende a inclinarse por verticales científicas en donde pueda diseñar con objetos vivos.

En el área destinada a proyectos que mezclan ciencia con aplicaciones comerciales, ha desarrollado prototipos para diseñar y fabricar materiales modificados a nivel molecular, que cambian de forma al entrar en contacto con estímulos externos. También ha experimentado en diseños con bactérias.

Otro de sus experimentos va enfocado a la industria genética para ayudar a parejas que no pueden concebir.IDEO propone un "colector de niebla" como uno de sus inventos tecnoloógicos. (Crédito: Facebook/IDEO)

“Estamos empezando a hacer ciencia en el estudio y hemos comenzado a hacer proyectos para clientes grandes que tienen ya productos y servicios que se adaptan a la tendencia. El área de genética es funcional para experimentar, con servicios dirigidos a quienes no pueden concebir. Hay proyectos en los que vemos un entrelace de biología, genética o bacteriología”, dijo Martínez.

Aunque por ahora, su tarea dentro de este laboratorio es experimental y de acercamiento con algunas industrias como energía, farmaceútica o genética, él asegura que será en los próximos cinco años, cuando las empresas comiencen a adoptar estos nuevos materiales para crear experiencias con los clientes.

“Estamos aún en nivel básico, pero donde ya hay un empuje fuerte es en sensores; los que te comes para diagnosticar, los textiles que pueden medir pH y ritmo cardiaco, todo lo biométrico. El diseño de productos que estén diseñados genéticamente para cada persona, es el futuro”, dijo.

Un ejemplo de consumo que ya se encuentra en prueba en el mercado es un shampoo, con baterías vivas, para regular el pH.

Los sectores que se perfilan como los que mejor pueden aprovechar esta tendencia son energía, salud, alimentos, bebidas y genética, según Allied Market Research. Las regiones en donde se ha registrado la mayor inversión y experimentación en esta tendencia ha sido Europa y Asia, según la consultora.

El reto de vender la biología

Al ser una tendencia naciente, la mayor parte de este tipo de desarrollos se lleva a cabo actualmente en laboratorios como el Media Lab del MIT, Stanford, Harvard y otros, aunque Martínez, advierte que en el último año las empresas se han empezado a acercar a estos laboratorios, como IDEO, como intermediario, para poder hacer sinergia entre lo científico y lo comercial y poder proyectar mejor la tendencia.

No obstante el reto es encontrar un punto de encuentro entre la ciencia y la industria.

“La mayoría de los científicos no son buenos comunicadores, un reto es aprender a comunicar lo que se está haciendo y cuál es el riesgo, no hacer promesas falsas. Necesitamos como diseñadores acercarnos más a los científicos y viceversa. Ya se empieza a enseñar en las facultades de diseño algo de ciencia, pero aún falta mucho”, dijo.

En IDEO, recientemente se contrató al primer biólogo sintético como diseñador, para desarrollar más esta tendencia.

En empresas de diseño y tecnología como Autodesk, el también mexicano Carlos Olguín trabaja en el desarrollo de biología sintética e incluso la creación de un software diseñado para realizar prototipos de esta naturaleza de manera más rápida, sencilla y menos costosa.

Hacia futuro, además del reto de comunicación, el desarrollo de esta industria implicará la creación de un marco regulatorio que lo incluya además de diversas discusiones que se esperan alrededor de la modificación de organismos o bien de la genética humana.

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