Los discursos motivadores a lo Steve Jobs, el ver un reto en cada problema y otras tácticas para sobreponerse a las dificultades suelen conducir a un momento de éxtasis en que nos creemos que podemos con todo. Pero cuando se desinflan las hormonas de la euforia a veces nos encontramos que queda mucho trabajo por hacer, que lo que nos espera es duro o sencillamente que lo que más nos apetece es pronunciar un rugido animal de un millón de decibelios y patalear como tuviésemos cinco años.

Si la situación llega a este extremo puede que nos venga bien darnos una vuelta por Koko. Esta aplicación móvil es la puerta de entrada a una red social destinada a que los usuarios se ayuden entre ellos para quitarse el estrés. Su propósito es que la gente comparta sus problemas para que otros les aconsejen o sencillamente les hagan ver las cosas desde un punto de vista distinto.

Para este cometido, Koko se sirve de métodos a camino entre los foros tradicionales de Internet y el sistema de funcionamiento de Tinder, lo que sin duda proporciona agilidad a la aplicación. Cuando un usuario quiere contar un problema la red social le pide que escoja una categoría, como trabajo, relaciones o familia, y después que escriba en unas pocas frases el peor escenario en el que podrían desembocar sus preocupaciones.

Se trata de una técnica psicológica –el creador de Koko es psicólogo– para entender los miedos de las personas. Y esto que ha escrito el usuario le aparece a otros en forma de tarjeta, que puede deslizar hacia izquierda y derecha, de forma similar a como se hace en Tinder para aceptar o rechazar un candidato.

Si alguien piensa que puede aportar algo al problema expuesto en una tarjeta solo tiene que tocar en ella y escribir su comentario. Las respuestas se pueden votar positivamente para darles más visibilidad, pero nunca negativamente.

El creador de Koko, Rob Morris, se ha basado en el efecto positivo que el refuerzo colectivo consigue sobre una persona. Es algo parecido a lo que ocurre con los programas de Alcohólicos Anónimos. La idea surgió cuando Morris empezó a programar. Si tenía un problema lo colgaba en un foro y alguien se lo resolvía, sin pedir nada a cambio. Este desinterés le cautivó en tanto los usuarios que ayudaban no esperaban nada a cambio aparte de recibir la misma atención si ellos se encontraban con un problema.

Así es como este psicólogo se planteó que los problemas personales, de la vida diaria, los que nos estresan habitualmente, se podrían someter al crowdsourcing. De esta forma el interesado podría comprobar cómo existen otras interpretaciones a su preocupación. Es la versión masiva de ese momento en el que tienes un problema y se lo cuentas a alguien, no ya solo para desahogarte sino para obtener otra perspectiva. En Koko puede haber cientos de perspectivas.

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