En los últimos años Samsung se ha dedicado a experimentar. A veces con acierto, como cuando demostró a toda la industria que los móviles de más de 5 pulgadas acabarían siendo el estándar, y otras veces sin él, como cuando se le acabó el chollo de ofrecer nefastos teléfonos de gama baja y que la gente se los comprase.

Con el tiempo ha ido afinando su catálogo, pero a veces continúa probando suerte. El último ejemplo es la Galaxy View, una descomunal tablet de 18.4 pulgadas.

Para empezar, el concepto ‘tablet’ se difumina aquí: tiene Android y su pantalla es táctil, sin teclado físico, pero ahí acaban los parecidos. Su portabilidad es nula y se limita a poder moverla dentro de casa, porque está pensada para el uso doméstico sobre todo. No en vano, su formato es totalmente nuevo ya que nunca ningún fabricante había presentado algo así: tras su pantalla tiene un asa abatible de dos posiciones para dejarla de pie, en ángulo casi recto, o inclinarla para que quede prácticamente horizontal.

Y el asa, claro, es para transportarla en plan bolsa de la compra.

Sus especificaciones internas no son gran cosa y su calidad de pantalla tampoco deslumbrará a nadie, pero esos no son sus principales problemas. Su gran problema es que es cara, muy cara: 650 euros, que es lo mismo que cuesta un muy buen televisor, menos versátil pero con una pantalla mucho mayor y conectividad HDMI. O lo que suena peor: unos cuantos televisores de un tamaño similar, también con mejor pantalla y puertos.

Dicho eso, una tablet así, gigantesca y doméstica, sí tiene mercado. Para tener un YouTube o un Netflix portátil en casa -con mención especial a la cocina- o para tener una pantalla gigante y resistente frente a la que sentar a los niños y ponerles dibujos animados o juegos. Como idea es buena, pese a su extraña asa o su descomunal precio, y de hecho muy posiblemente comencemos a verla imitada por otros fabricantes. Sobre todo por uno que empieza por “X”, termina por “i” y también fabrica routers.

¿Para quién queda entonces la Galaxy View? Posiblemente para familias que puedan gastarse ese dinero en una tablet que apenas podrán sacar de casa y con niños que entretener. Tal vez para parejas que quieran en su cocina una pantalla vitaminada y con WiFi a la que no tener que añadir ningún Chromecast, Apple TV o similares. Y poco más.

El día que llegue una tablet de 18 pulgadas por 250 o 300 euros (no es imposible, su hardware no es gran cosa y para mostrar vídeos tampoco tiene que serlo) estaremos hablando de un ‘game changer’ para el entretenimiento doméstico y familiar. De momento es un concepto que muy pocos podrán permitirse, y con limitaciones. Eso sí, interesante.

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