Ante ustedes un coche muy especial, producto de un enfado monumental del creador de otro mito, el Mustang. Aprovechando el lanzamiento del nuevo Ford GT en 2016 y su regreso a las 24 Horas de Le Mans, les descubrimos la increíble historia de cómo y porqué nació el Ford GT40 original.

En los años 60, el que luego fuera máximo patrón de Chrysler, Lee Iacocca, era todavía un alto ejecutivo de Ford. Un hombre deseoso de poner a la marca en primera línea deportiva y que por cierto, llegó a convertirse en el presidente de la compañía en 1970. Tras crear el Mustang, había razones sólidas para hacerlo: los AC Cobra, animados por motores Ford de hasta 7 litros de cubicaje, no paraban de ganar carreras en el Campeonato del Mundo de Marcas en la categoría de GT. Así que Iacocca invitó a todos los concesionarios de la marca del óvalo a las famosas 24 Horas de Sebring para que disfrutasen de esa maravilla con nombre de serpiente. Lo que sucedió no lo esperaba nadie: los Ferrari humillaron a los coches motorizados por Ford en la prueba de resistencia mientras los Cobra oficiales se dedicaron a coleccionar problemas y abandonos, yendo directamente a los talleres mecánicos.

El enfado fue monumental y de aquella humillación se gestaría la venganza. Y es lo que desde entonces se marcó Lee como trabajo prioritario: devolvérsela a los bólidos rojos. A esto hay que añadir la frustrada compra de Ferrari por parte de Ford cuando estaba casi todo ya atado.

Manos a la obra: la “operación venganza” fue larga, pues comenzó de la mano de otro nombre también mítico en el automovilismo deportivo: Lola Racing Cars. Junto con este constructor británico, Ford comenzó el proyecto GT 40, basándose en el Lola GT que había corrido en Le Mans en 1963. Esta primera parte de la historia termina el 1 de abril de 1964, cuando estuvo listo el primer prototipo. Al nuevo superdeportivo se le añadió como apellido una cifra distintiva: 40. Era la altura exacta del modelo en pulgadas (102 centímetros).

Aquel primer modelo llevaba un motor Ford V8 diseñado por Eric Broadley. Tenía 4,2 L y unos 380 CV, además de chasis monocasco. La carrocería del coche era de fibra de vidrio y sistema de frenos de disco Girling en las 4 ruedas. Este prototipo dio paso al MK I, al que modificaron la caja de cambios, el capó y el motor. El MK II aumentó sus cifras a los 7 L y 485 CV.

LLEGÓ LA VENGANZA

Del Reino Unido, el proyecto pasó entonces a los Estados Unidos, y la primera unidad fue presentada en el Salón del Automóvil de Nueva York. En aquel entonces era John Wyler el responsable de hacer la planificación de las carreras y coordinar la fabricación de los modelos finales, los cuales llevarían todos motores de 4.7 litros y 390 CV. El primer objetivo: ganar las 24 de Le Mans. Por desgracia, los primeros años no fueron muy buenos en la mítica prueba, hasta que el trabajo incansable en el modelo dio sus frutos en 1966, cuando el gran Carrol Shelby se hizo con la dirección deportiva.

Aquella primera victoria fue histórica: el equipo de pilotos formado por Bruce McLaren y Chris Amon cruzaban los primeros la línea de meta derrotando, por fin, a los Ferrari. Pero la humillación fue aún mayor: los dos siguientes coches que completaron la clasificación general también fueron unidades del Ford GT 40, que para más ‘inri’, lo hicieron juntos como si de un batallón se tratará. La ‘vendetta’ se había consumado, y así sucedió también en los tres años siguientes, aportando momentos fantásticos a la historia del automovilismo.

DUELO MÍTICO

Aún se recuerda la épica última victoria del modelo en la prueba francesa. Estamos en 1969, y a los mandos se ponen dos Jackie: Ick y Oliver, con la evolución MK IV prácticamente rueda a rueda hasta el último instante de la prueba con el Porsche 908 de Hermann y Attwoow. La diferencia final fue de escasos metros, la más corta registrada nunca en las 24 Horas de Le Mans. Uno de los duelos legendarios de la historia del automóvil.

Con la misión cumplida, cambios en las fábrica de Slough y en el propio reglamento hicieron que Ford se retirase en pleno éxtasis deportivo.

La marca del óvalo intentó aprovechar el posible tirón comercial de los éxitos en competición del GT40. Concretamente, lo hizo con la adaptación MK III (las MK I y MK II fueron las que batallaban en circuito). Pero no fue nada fácil. Apenas se vendieron siete unidades a particulares, pues prácticamente no tenían modificaciones y el uso en carretera era muy complicado. Además, costaban entonces 6.450 libras.

Pero lo importante de la curiosa historia de este modelo, como hemos visto, estuvo en la competición pura: se le conoce como el Ford que humilló a los Ferrari, y se ha convertido en toda una leyenda. Ahora, la marca del óvalo ha hecho un anuncio emocionante: el innovador GT que se pondrá a la venta en 2016, con motor EcoBoost V6 biturbo de 3.5 litros y 600 CV,  competirá en las 24 Horas de Le Mans. ¡Será un regreso histórico!

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