Para cierta generación, Instagram se ha convertido en una tarjeta de presentación, una especie de currículum de la vida: “Este soy yo. Esta es mi vida. ¿Estás celoso?”.

Un vistazo a la típica lista de publicaciones probablemente revele imágenes improbables de la pizza perfectamente artesanal, parejas embriagadas de su amor y cejas correctamente definidas, todas capturadas en una luz perfecta y mejoradas con diversas herramientas de edición.

La vida se convierte en la imitación de una interminable sesión de fotografía para Vanity Fair, y la presión entre los usuarios usuales de Instagram por presentar imágenes idealizadas de sí mismos se ha incrementado a medida que las personas famosas inundan la plataforma con sus propias publicaciones que producen envidia.

Pero la vida es más que fiestas en terrazas y selfies tomadas en un ángulo de 45 grados. Algunos adultos jóvenes, cansados de cumplir con las expectativas puestas sobre sus avatares en línea tan molestamente perfectos, han creado finstagrams, o cuentas falsas de Instagram, que presentan versiones de sí mismos, las cuales son más auténticas que sus perfiles principales. Estas cuentas privadas, seudónimas, capturan algo raramente visto por las personas que siguen a estos mismos usuarios en sus cuentas principales: la realidad.

¿Qué son exactamente los finstagrams?

Creados principalmente por adolescentes y jóvenes de veintipico, los finstagrams son espacios íntimos en línea destinados a un público de amigos, con un número de seguidores que deliberadamente se mantiene en los dos dígitos bajos.

“‘Finstas son cuentas privadas que sólo compartes con tus amigos más cercanos”, dijo Amy Wesson de 18 años, una estudiante del Trinity College que tiene más de 2.700 seguidores de Instagram y unos 50 seguidores de finstagram. “Publicas cosas que no quieres que otras personas vean a menos que sean tus amigos, como imágenes poco atractivas, historias al azar sobre tu día y fotografías en las que apareces borracha en fiestas”.

Omid Cohensedgh, de 19 años, estudiante de la Universidad de Columbia, dijo que su finstagram le da una plataforma online para compartir chistes privados con un grupo de 25 personas. “Mi compañero de cuarto y yo tenemos estos posters de Drake en nuestra pared, y es un chiste interno que estamos obsesionados con él”, dijo Cohensedgh. “No me sentiría cómodo compartiendo fotografías de ellos con personas que no lo entenderían”.

Algunas personas utilizan sus cuentas falsas para seguir en contacto con familiares y amigos. Ixchel López, de 18 años, quien es estudiante del Wellesley College, tiene más de 570 seguidores en su cuenta principal y comparte una cuenta encantadoramente absurda con su hermana menor dedicada a fotografías de lagartos.

Los principios que rigen a Instagram se omiten alegremente en las cuentas falsas: Mientras que la publicación más de una vez al día a una cuenta principal se considera algo así como una metida de pata, es perfectamente aceptable en una cuenta de finstagram dar rienda suelta a un torrente de imágenes mundanas, capturas de pantalla de conversaciones de texto y selfies feas.

¿Parece ridículo?

Más de la mitad del 92 por ciento de los adolescentes entre 13 y 17 años que actualizan perfiles online a diario usan Instagram. Mientras que los jóvenes de todas las generaciones han luchado con la forma de proyectar su identidad al resto del mundo, podría decirse que los adolescentes de 2015 la pasan peor. Dada la omnipresencia de las redes sociales, el mecanismo de retroalimentación nunca se apaga.

“Antes, mientras dormías, dormías”, dijo Leora Trub, una profesora adjunta de psicología en la Universidad Pace y psicóloga clínica, que trabaja con adolescentes y adultos jóvenes. “Nadie te juzgaba, y no te despertabas y te encontrabas con un otro que existía en este espacio en línea y que estaba siendo comentado”.

La Dra. Trub supervisó la investigación sobre un estudio que descubrió una relación entre el número de desconocidos que los usuarios de Instagram siguen y la posibilidad de que experimenten síntomas depresivos, tales como temor, soledad o fatiga.

Para muchos jóvenes, las redes sociales se ha convertido en una carga, una parte de la vida que se debe manejar. Veamos por ejemplo la historia de Essena O’Neill, una australiana de 19 años que, con más de 800.000 seguidores, era considerada una estrella de Instagram cuando ella misma borró su cuenta. Recientemente, O’Neill lanzó el sitio web Let’s Be Game Changers (Cambiemos el juego, en idioma español) como campaña contra la presión de actuar que parece ser una parte esencial de la experiencia de las redes sociales.

“Me convertí en una máquina que les daba a los otros lo que querían de mí, sin conocerme o valorar a mi verdadero yo”, escribió O’Neill en su página web. “Yo estaba perdida ante las expectativas, las presiones y el deseo temeroso de ser aceptada”.

Mientras que el caso de O’Neill es extremo, muchos adolescentes piensan igualmente que sus cuentas principales de Instagram no presentan versiones totalmente auténticas de sí mismos.

“Todo lo que sale en mi Instagram regular es un cuadro de mí y de otras personas y todo el mundo se ve bien, y se siente importante”, dijo Rebecca Cibbarelli, de 18 años, estudiante del Franklin & Marshall College, quien tiene más de 420 seguidores en su Instagram real y 30 en uno falso. “En el finstagram, publicas lo que quieres porque no te importa”.

La zona de amigos y familiares

Debido a que son privadas, las cuentas de finstagram te permiten elegir cuidadosamente a tus seguidores; nadie te puede seguir sin tu permiso.

“Debes seguirlos a ellos primero, así es cómo alertas a la gente que hay otra cuenta ahí”, dijo Dominique Escandon, de 18 años, una estudiante de la Universidad Carnegie Mellon que tiene más de 370 seguidores en su cuenta principal y 33 en su cuenta seudónima. “Generalmente, sigues a tus mejores amigos”.

Si mantienes los números bajos, se fomenta la conversación y te aseguras que una publicación que se hace en broma no alimenta a los trolls de Internet. Durante un tiempo, Escandon adoptó un alter ego en su cuenta falsa, llenándola de imágenes y títulos que la retrataban como una “esposa trofeo” de derecha.

“Me identifico como feminista y creé este personaje”, dijo. “Sabía que el grupo que me seguía entendería que no era quien realmente soy, y que entendería que era una broma”.

No siempre es fácil saber quién entra al grupo más selecto. “Alguien que conocí recientemente trató de seguir mi segunda cuenta, y todavía no la he aceptado”, dijo López, una estudiante de la Universidad de Wellesley. “No la he rechazado o aceptado. No sé qué hacer. Me hizo pensar realmente en el tipo de cosas que publico allí”.

Como en el mundo offline, los círculos íntimos pueden ser fluidos. En la comedia adolescente de 2015 The DUFF, protagonizada por Mae Whitman, tres amigas de secundaria discuten y comienzan a enumerar las cuentas de redes sociales de las otras que ellas van a “dejar de seguir”. Una de las primeras mencionadas es la cuenta de finstagram de una de las chicas.

De manera menos dramática, Sophie Stadler, de 18 años, estudiante de la Fu Foundation, Escuela de Ingeniería y Ciencias aplicadas de la Universidad de Columbia, recientemente eliminó a 14 de los 30 seguidores de su finstagram. “Me sentía inhibida en mis publicaciones”, dijo Stadler. “Yo quería que fuera algo más natural que estaba haciendo para mí”.

No es raro encontrarse con alguien que te clave el puñal por la espalda. Se llaman finsta soplones y son personas que toman capturas de pantalla de publicaciones reveladoras y las utilizan para aprovecharse del usuario en cuestión. López describió una situación en su escuela secundaria en la que varios estudiantes habían publicado fotografías comprometedoras en sus cuentas falsas, las cuales finalmente llegaron a las bandejas de entrada de las autoridades.

“Se trata de tener confianza”, dijo Toni Dawkins, quien trató el tema de los falsos Instagrams en su podcast “Tuesdays With Toni” (Martes con Toni, en idioma español). “Si vas a publicar cosas vergonzosas, tienes que confiar en que ese grupo de personas no lo va a compartir”.

¿Por qué no usar Snapchat?

Debido a su naturaleza espontánea y casual, el falso Instagram es a veces comparado con Snapchat.

Pero muchos jóvenes usuarios de Snapchat tienen cientos de amigos en Snapchat y ponen una cantidad considerable de esfuerzo en sus “historias” de Snapchat, las cuales pueden ser vistas por todos sus seguidores y permanecen en línea durante 24 horas.

En cierto sentido, las publicaciones falsas de Instagram son similares a los Snapchats que los usuarios envían a seguidores individuales, que desaparecen 10 segundos o menos después de ser abiertos.

En cualquier caso, un falso Instagram tiene dos ventajas sobre Snapchat: su permanencia y la posibilidad de usar más palabras. “Snapchat es más efímero”, dijo Cohensedgh, el estudiante de la Universidad de Columbia. “No tienes que pensar después en lo que publicaste. Finstagram es un historial de cosas graciosas que se te vinieron a la mente. Es más concreto y permanente”.

Y Escandon, cuya cuenta de Instagram falsa era satírica, dijo: “Puedes ser más explícitamente graciosa en lugares donde te permiten tener más texto”.

La fragmentación como instinto de conservación

Las cuentas de Instagram falsas parecen ser un producto cultural específico para las personas pertenecientes a una generación con smartphones y redes sociales. Están acostumbrados a canalizar su capacidad de expresión a través de muchas plataformas, donde sus compañeros proporcionan una respuesta instantánea, gran parte de la cual es mordaz.

Debido a esto, finstagram, que aparece como respuesta para una audiencia de personas que están sintonizadas en el punto de vista del usuario, se convierte, paradójicamente, en el Instagram “real”.

“Estas plataformas no se van a ninguna parte, y no llegaremos a ninguna parte tratando de luchar contra ellas o diciendo que son malas”, señaló la Dra. Trub, la psicóloga clínica. “Tenemos que ser conscientes de cómo funcionan para nosotros y tratar de gestionar la forma en que interactuamos con ellas. Eso es lo mejor que podemos esperar”.

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