En 2050 el sexo con robots podría ser más común que entre humanos, según Ian Pearson, un teórico de nuevas tecnologías. La tesis tiene sus partidarios, pero también sus detractores, que consideran perjudicial la práctica sexual con máquinas.

Como si se tratase de una especulación de la ciencia ficción, el británico Ian Pearson, que se llama a sí mismo futurólogo y acostumbra a aconsejar a empresas sobre la adaptación a los avances tecnológicos, ha publicado un informe acerca de cómo serán las tendencias sexuales en el futuro (tecnología mediante).

Las conclusiones de Pearson –hay que decir que el informe está elaborado con la colaboración de Bondara, una de las tiendas de juguetes sexuales más conocidas de Reino Unido– son principalmente dos: el porno con realidad virtual se convertirá en una práctica común y florecerá el sexo con robots. Así de ancho se ha quedado Pearson, tras hacer este vaticinio.

El británico recuerda que los vibradores llevan tiempo usándose, alrededor de un siglo, así que toca renovar inventario de juguetería sexual. Algunas de las predicciones que ha hecho el futurólogo son que en 2030 la mayoría de la gente tendrá alguna forma de sexo virtual de igual manera que hoy busca porno en internet. Antes, en 2025 ya veremos algunas formas de sexo con robots aparecer en los hogares de gente adinerada (al principio estos esclavos sexuales cibernéticos se venderán a precio de oro).

Aunque la más extraordinaria de las previsiones es que en 2050 el sexo con robotssobrepasará al sexo entre humanos. Pearson admite que mucha gente siente reparos hacia una posible de estas interacciones sexuales, pero cree que poco a poco irán perdiendo este miedo a medida que se vayan acostumbrando a las máquinas. A medida que la inteligencia artificial y el comportamiento de los humanoides mejoren estos se convertirán en amigos con lazos emocionales sólidos, mientras que la inquietud desaparecerá.

¿Se podría tener sexo con los robots?
No es el único que piensa que el sexo con robots se convertirá en una tendencia en las próximas décadas. Entre los diseñadores de juguetes sexuales los hay que ven en estas máquinas una forma de dar un nuevo impulso a su negocio. Al principio estos nuevos juguetes serán caros -podrían costar en torno a los 54.000 euros- aunque en el futuro se espera que el precio se reduzca para que las novedades sexuales se puedan vender en masa.

Hay quien está en contra de esto. La investigadora Kathleen Richardson, especializada en ética de la robótica, defiende que los robots son un producto de la consciencia y la creatividad humanas. Están pensados para contribuir a la mejora de las relaciones humanas, pero ciertos usos podrían perjudicar estas relaciones entre humanos. Richardson opina sin contemplaciones que la creación de robots sexuales iría en detrimento de las relaciones entre las personas, así en general.

Lo cierto es que algún peligro han que ver los fabricantes del robot humanoide Pepper, creado por la firma francesa Aldebaran en colaboración con los japoneses de SoftBank, cuando entre las indicaciones que incluye el robot está explícita la prohibición de “practicar cualquier acto sexual y otro comportamiento indecente” con la máquina. Aunque en este caso tal vez no sea porque preocupen las relaciones interpersonales, lo que preocupa más bien es la integridad mecánica del robot.

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