Hay que admitirlo, Marte está de moda. Ya sea por la película protagonizada por Matt Damon o por el sorprendente hallazgo de que el planeta rojo tiene agua líquida fluyendo en su superficie, el cuarto planeta del sistema solar se las ha arreglado para captar la atención de casi todos los terrícolas. Pero, ¿qué tan lejos estamos del día en que nuestros astronautas pongan los pies en ese hostil planeta?

Han habido varias, algunas muy dudosas, iniciativas que buscan llevar toda la gracia y entusiasmo científico de nuestra especie a Marte. Una de ellas es Mars One, una misión tripulada que se financiará con ingresos privados producto de un reality show. Suena descabellado y varios científicos han declarado públicamente que consideran al programa como una estafa poco seria e irreal. Por otra parte, la NASA tiene un plan mucho más realista y elaborado que puede llevar a sus astronautas a la próxima frontera científica.

¿Qué nos detiene?

De lo que necesitamos los humanos para sobrevivir, ahí fuera, hay muy poco. Parte de los experimentos que se realizan en la estación espacial internacional buscan establecer los efectos que tiene la exposición de los humanos a la microgravedad durante periodos prolongados. Se sabe que puede haber una drástica disminución en la densidad de los huesos y que la presión sanguínea puede fluctuar bastante en estas condiciones.

Aunque se están estudiando diferentes tipos de materiales que puedan contener los niveles de radiación, todavía no se tiene una solución definitiva, algo que representa uno de los principales retos para llevar los astronautas a nuevos e inexplorados lugares.

Un plan de tres etapas

estos son los pasos para llegar a Marte.

Actualmente, existe un plan de tres etapas que puede culminar con éxito en 2030. La primera de esas etapas, llamada ‘Dependiente de la Tierra’, busca estudiar a fondo los efectos en los seres humanos que pasan tiempo considerable orbitando la Tierra. La segunda etapa, llamada ‘Terreno de Pruebas’, viene después de expandir el rango de los vehículos tripulados, con el fin de comprender qué tan independientes pueden ser los humanos cuando tienen un trayecto muy largo. También se planea estudiar los niveles de radiación cuando nos alejamos más de la protección del campo electromagnético de la Tierra.

La tercera etapa es la más importante y es llamada ‘Independiente de la Tierra’. Esta decidirá si los humanos somos capaces o no de embarcarnos en misiones a nuestro planeta vecino. Para validar este objetivo, se planea comenzar las pruebas de viajes tripulados en la nave espacial Orión en fechas cercanas a 2020.

Al igual que en la película ‘The Martian’, la NASA planea enviar de antemano varias toneladas de equipo y provisiones, incluso meses antes de la llegada de una nave tripulada. De esta forma se disminuye la cantidad de carga y se aumenta la seguridad de los astronautas.

Aunque no lo parezca, todo hace parte de un gran plan. Desde las misiones para estudiar el cultivo de ciertas plantas en el espacio y los proyectos que desviarán asteroides de sus trayectorias principales, todas estas investigaciones son claves para determinar la capacidad de los seres humanos para embarcarse en largos viajes interplanetarios.

Una vez allí ¿qué haremos?

Un gran salto para la humanidad, de nuevo.

Lo principal es tomar muestras del agua líquida que fluye en la superficie del planeta. Aunque no encontremos vida en el agua, puede que estén presentes los elementos necesarios para sostenerla y esto puede ser el inicio de una relación mucho más duradera entre los dos planetas.

Marte puede ser una fuente de recursos y una base transitoria para que podamos explorar y extender nuestras miradas hacia todos los rincones del cosmos, siempre sabiendo un poco más de nuestro entorno.

Aunque la pregunta que inevitablemente aparece es: ¿por qué gastar todos estos recursos en algo como viajar a Marte?

Desde mi punto de vista, parte de lo que nos hace humanos es nuestro deseo de exploración y ganas de entender al universo y los recursos utilizados en estas misiones nunca serán desperdiciados, teniendo en cuenta que la mayoría de aplicaciones tecnológicas para consumidores empezaron como un proyecto espacial o militar.

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