Google consiguió una patente para que sus autos autónomos puedan interactuar con los peatones en procura de generar un entendimiento vial y brindar mayor seguridad. El desarrollo tecnológico de la compañía consiste en señales visuales y sonoras que alertan sobre márgenes de maniobrabilidad y sugieren la acción más confiable.

El motor de Google es generar diálogo entre sus vehículos no tripulados y los peatones. Codificar, interpretar y razonar cuál es el movimiento más confiable para seguridad de autos y transeúntes es el objetivo de este emprendimiento que ya reservó su patente. La compañía tiene previsto fabricar coches comunicativos con señales de luz y de audio integrales, manos mecánicas y unos ojos robóticos que “persiguen a la persona” consiguiendo el nivel de interacción esperado.

En el paragolpes delantero y en los costados del vehículo podrán leerse leyendas como “seguro para cruzar” (“safe to cross”) mediante un prototipo de luces. Un altavoz en la parte exterior del coche también podrá vocalizar el texto que aparece en las señales y comunicar otras alertas audibles.

Una mano robótica pretenderá imitar señales y comportamientos humanos típicos en situaciones de tránsito. Reproducirá, entre otros gestos, el ademán de “barrido”, un sensible movimiento de la mano para habilitar el cruce del peatón.


Cómo será la relación entre los peatones y los autos del futuro

De esta manera la compañía perfecciona sus autos autónomos, luego de haber registrado desde su lanzamiento revolucionario una serie de inconvenientes. Hace dos meses, en Estados Unidos, uno de los coches sin conductor de Google fue multado por un agente de la policía por exceso de lentitud. Los mecanismos descritos en la nueva patente de Google intentarán perfeccionar esta consigna: cómo poder ser más asertivos en la conducción sin tener que ser pasivos ni agresivos.

Cómo será la relación entre los peatones y los autos del futuro

En 2015 se registraron 13 accidentes viales, comúnmente de poca relevancia, de estos coches autónomos. La compañía mientras ensaya una autocrítica también responsabiliza a los humanos. “El verdadero problema es que el coche es demasiado seguro. Tienen que aprender a ser agresivos en su justa medida, y esa justa medida depende de la cultura”, consideró Donald Norman, el director del Laboratorio de Diseño de la Universidad de California, que estudia a los vehículos autónomos. A modo de enseñanza, concluyó: “Los humanos conducimos peor que las máquinas”.

Cómo será la relación entre los peatones y los autos del futuro

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