El 6 de mayo de 1934 el famoso gánster John Dillinger le envió a Henry Ford una carta en la que le agradecía por haber construido su Ford V8 “tan rápido y tan robusto”, pues sin él no habría “podido escapar de los policías en Wisconsin”. El potente auto al que hacía referencia, robado al Sheriff Lillian Holley, desarrollaba 85 caballos de potencia.

Ocho décadas después esa cifra es tan interesante como los carros que la ostentan y al contrario que como sucedía antes, hoy no se necesita mucho para llegar a algo parecido. Tanto así que Ford (para seguir con el mismo ejemplo), gracias a la tecnología EcoBoost, con solo tres cilindros y 999 cm3 es capaz de alcanzar los 123 caballos.

Los motores en el tiempo

¿Qué ha pasado en todo este tiempo para que diminutos motores de modelos de entrada actuales superen en rendimiento y desempeño a los que en su momento se reservaron para los de tope de gama? No se trata del caso aislado de un fabricante, claro, sino del panorama y evolución general que ha tenido el tradicional motor de combustión interna de cuatro tiempos.

Podría decirse que en la primera mitad del siglo pasado (e incluso hasta principios de los años 70) la solución a “querer más” era “usar más”: entre más potencia se quisiera, más motor se necesitaba. Para ello se aplicaron varias soluciones, como supercargadores, múltiples carburadores y, por supuesto, motores más grandes.

Pero los años 70 trajeron consigo la crisis petrolera, y el gusto y preferencia por autos relativamente económicos de alto rendimiento, como los muscle cars, se convirtieron en lujo. La mayoría dejaron de verse en concesionarios y los que seguían apareciendo allí veían cómo sus fichas técnicas mostraban cada vez menos potencia y torque, resaltando otro tipo de virtudes.

Así que con la búsqueda encaminada hacia la eficiencia y máximo aprovechamiento del motor, algunos se centraron en elevar la relación de compresión y otros comenzaron a adoptar la alimentación por inyección (mecánica, inicialmente) dejando de lado el carburador. Por su parte, quienes iban en busca del máximo rendimiento, pero sin querer recurrir a grandes cilindradas, empezaron a implementar los turbos.

Los motores en el tiempo

De esta forma los años 70 vieron el nacimiento de hitos como el Porsche 911 Turbo (1975) al tiempo que Ferrari introdujo la inyección en sus autos de calle con el 400 GT (1976). Por su parte, vehículos más terrenales también comenzaban a implementar este nuevo tipo de alimentación para sus motores.

A lo largo de los años 80 y 90 el panorama comenzó a mejorar nuevamente, los vehículos con carburador eran más escasos (aunque algunos alcanzaron a ver la luz en el nuevo siglo) y la búsqueda por propulsiones alternas empezó a tomar vuelo con el General Motors EV1 (1996), el Toyota Prius (1997) y el Honda Insight (1999) como algunos ejemplos. El mundo de los súper autos tampoco descansaba: el McLaren F1, rey de su época, marcaba más de 600 caballos de potencia.

Sin embargo, la lucha con el cambio de siglo pasaría a ser con las regulaciones de emisiones, por lo que una vez más los ingenieros debieron tomar asiento y empezar a buscar aún más eficiencia. De esta forma las dietas para reducir el peso comienzan a encabezar listas de prioridades, acompañadas de otros ingredientes como la inyección directa, apertura variable de válvulas, desactivación de cilindros y la inducción forzada.

Los motores en el tiempo

En razón a esto último es que cada vez los motores se hacen más pequeños, pues cada vez se necesita menos para obtener más. Cuando hace unos años un motor de tres cilindros le quedaba justo a vehículos pequeños, la ayuda de un turbo le permite mejorar su desempeño y ser capaz de mover sin problema otros carros de peso considerable.

Esto no se limita únicamente a los segmentos de entrada. Ferrari dejó atrás el 4.5 litros V8 del 458 Italia en favor del V8 de 3.9 litros con doble turbo del 488 GTB, los Mercedes-AMG ahora se mueven hasta con cuatro cilindros y los BMW M3 y M4 reciben su propulsión de un seis cilindros, también con doble turbo. En los tres casos, estas nuevas generaciones dejan atrás a sus antecesores.

Con un panorama así, si John Dillinger tratara de escapar nuevamente con su “potente” V8 seguramente no llegaría muy lejos. En Estados Unidos los vehículos más sencillos de policía proveídos por Ford cuentan con un 2.0 litros cuatro cilindros EcoBoost de 240 caballos y en caso de ser necesario podrían “soltarle” los 370 caballos del Hemi V8 de los Dodge Charger Pursuit. Eso sí, el gánster podría dar la pelea en un modesto hatchback como el Ford Focus RS, que en su más reciente versión ya supera los 300 caballos.

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